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viernes, 26 de junio de 2009

A RONEAR AL MERCADO



Una de las pocas ventajas de ser autónomo es disponer de tu tiempo para organizarte como mejor te parezca. Bien entendido que las responsabilidades profesionales y familiares condicionan mucho esa libertad, obligándote con frecuencia a defender ese oro que huye y que es, en buena medida, la única riqueza real de que disponemos.

En mi mundo profesional es frecuente ver quienes regresan del Juzgado y aprovechan para hacer alguna gestión, recado o mandado. Somos así, como tantos otros colectivos, los procuradores los primeros, a quienes en nuestras familias se recurre por sistema para hacer todo aquello que nuestros pobres cónyuges trabajadores por cuenta ajena carecen de tiempo para llevar a cabo.

Nuestra excelente procuradora de cabecera, cuyo nombre omito por la misma elegancia y categoría que destila en cada gesto, hecho de pura naturalidad sin afectación, porta con igual parsimonia un mandamiento el lunes y el viernes una tortilla del Perico para casa (yo se la encargo a Anita en la Ermita, y es de sensación), como, en vísperas de las fiestas de Navidad, cargaba sendos capones de Cascajares para la familia, sin -apenas- torcer el gesto ni perder el portadocumentos.

Yo estos mandados los disfruto o padezco según su naturaleza, pero es más placentera la sensación cuando la libertad del uso del tiempo me permite perder un poco no a requerimiento ajeno sino a propia iniciativa. Y uno de mis múltiples placeres privados (éste, confesable), consiste en volver de Abilio Calderón atravesando el mercado de Abastos.

Perderme momentáneamente en el frescor de la mezcla de olores de los productos frescos, bajo el artesonado de metal de una de las más hermosas edificaciones civiles de nuestra Palencia de iglesias y conventos, me recuerda a las jornadas de roneo gaditano que gastaba mi padre con Rancapino el cantaor, por las calles de Chiclana, cuando éste conseguía despistar a su Juana.

Digo en fin que esa plaza de Abastos de Palencia llena de productos de la huerta, frutas, quesos, carnes, mariscos y pescados, embutidos, menos morcillas hoy (ay), pan reciente y tantas cosas apetecibles, como diría mi abuela Maruja, ese hervidero de vida, trato personal y calidad es, quería contaros en fin, un lugar donde merece la pena perderse rato, ronear a la palentina e irse para casa con algo bueno en la cesta y una sonrisa en los labios. Y como cada vez que paso lo pienso, era hora de hacerlo constar.

Tomo esta magnífica fotografía de la web flickr, a cuyo autor clgg felicito, pido disculpas por el atrevimiento y ruego me notifique cuanto antes si prefiere que la quite.