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miércoles, 26 de agosto de 2009

EL ARBOL PAJARO



Salgo de casa a las ocho y media de la mañana y pienso que debería haber cogido una chaqueta, aunque el fresco no llega a molestar y se agradece tras los calores pasados. Bien es cierto que lo peor que habéis padecido, según me cuentan y no recuerdan ni los más ancianos del lugar, lo hemos sobrellevado nosotros en el levante, de la playa a la piscina y de allí a la fresca hospitalidad de un aire acondicionado. Pero a nuestro regreso todavía apretaba el calor noche y día, lo que me ha permitido a quedarme varias noches durmiendo en la terraza esas primeras horas, contemplando embobado el firmamento.

Al tomar para las Cuatro Paradas echo un vistazo de lejos a los últimos remates del antaño solar del MOPU, donde hoy anidan farolas, bancos, arbustos y parterres de césped que el riego matutino hace crecer, diríase que a ojos vista. Y saludo en silencio a los dos supervivientes del pasado que el buen criterio de algún técnico, seguramente municipal, ha preservado. Pues siguen en su sitio dos árboles, cedro y sequoya creo recordar de la magnífica charla sobre la flora del barrio que nos dieron las responsables del último taller de empleo, alzándose la segunda y encorvándose el primero, caminante cansado lo llamaron ellas y bien lo parece, aunque me quedo con el poético nombre de árbol pájaro que le puso Juan, en un rapto de precoz romanticismo.

A buen seguro que los responsables de turno ya tendrán pensado un merecido homenaje a una persona o lugar para designar los jardines hoy lindantes con el futuro museo del Agua, pues no faltan entre los primeros justos tributarios de tal honor, como Marta Domínguez o Diego Cosgaya - aunque como Marta tiene su propio pabellón, lo de Diego no vendría mal traido por la proximidad de la dársena. Pero como está de moda preguntar y proponer nombres para los espacios públicos, por mi parte propongo modestamente, a modo de los Escenarios Fantásticos de un libro de mi adolescencia, el de "Jardines del Caminante", no en vano abundan en Palencia además los andarines.

No me deja ya la plantilla comentar más detenidamente el estado de las obras de Gaspar Arroyo, ni las iniciadas en la Setenta y Siete cuyo detalle habré de pedirle a Jorge Delgado en cuanto pueda.