lunes, 31 de marzo de 2008

PARTICIPACION DE PEGA


La apariencia de participación del Ayuntamiento de Palencia hace aguas por todas partes. Resulta indignante que se niegue la presencia en el Consejo Municipal de Fiestas a FARSU, e insultante hacerlo so pretexto de que ya está presente la Federación. Si verdaderamente se quisiera tener participación, se daría a quien la pidiera, y si la Federación representara realmente a FARSU, no pedirían tener presencia. Eso por no entrar en más detalles, de momento.

viernes, 28 de marzo de 2008

PIEDAD Y RECONCILIACION


Salí al encuentro de la procesión a través de las Once Paradas, cruzando el río por Puentecillas y subiendo por Salvino Sierra hacia la Catedral. Al doblar el ábside, dejando a mi izquierda la entrada del Hospital de San Antolín y San Bernabé, se empezaba a ver gente pendiente de su llegada. Poco tiempo después comenzaban a apartarse, dando paso al primer hábito pardo que portaba el pendón.

Sonaban a lo lejos los ecos del tararú de la primera procesión de la Semana Santa de Palencia declarada de interés turístico nacional, y volví sobre mis pasos hacia el río, para verla llegar desde esa tierra de nadie insular que forman el llamado Sotillo de los Canónigos y el salto de agua de la presa, antaño molino de la discordia en tiempos de las revueltas del pan. Antes de cruzar de nuevo junto al bolo de la paciencia me estremecí sin querer frente a la bocacalle de Gaspar Arroyo, preguntándome si el itinerario escogido este año por la Hermandad Franciscana de la Virgen de la Piedad no estaría (perdóname el consciente modismo palentino) pensado a propósito.

Yo entonces no sabía de la historia reciente y al mismo tiempo añeja de la Cofradía más joven de nuestra capital, y bien que habría podido con atender un poco más a mis amigos Félix y Luís, a quienes posteriormente identifiqué en el recorrido. En fin, supe luego que era el cuarto año de la procesión, y el cuarto punto cardinal o barrio periférico escogido para completar una suerte de misión evangélica extramuros de los recorridos habituales, como supe también después del responso imprevisto, pero totalmente previsible, que se rezó en el umbral de la tragedia siguiendo las indicaciones del Padre Raúl Muelas, a quien ya conocía de otros menesteres en el coso de Campos Góticos.

Iba diciendo que me adelanté a la procesión para verla venir desde el otro lado del río, y así fue. Me decidí por un banco de piedra al borde de la ribera, a fin de no obstaculizar el paso y a diferencia de otros asistentes que, por desgracia, pusieron su interés personal por encima de la seriedad y la belleza del momento, obstinándose en permanecer sobre el puente, incluso en sus zonas más angostas, y desde allí, bajo un cielo estrellado, comenzando a sentir el frío y la humedad, vi venir a la Virgen de la Piedad, llorando a su hijo. La talla, pese a ser moderna, mueve a la devoción por la serenidad del rostro de la Virgen, pese al dramatismo de la escena. Los hábitos monásticos de la hermandad dan a su vez otro aire a esta acertada procesión, que rasgaba el silencio de los chopos del Sotillo con sus carracas.

Cuando consiguieron hacer pasar la imagen, no sin algún esfuerzo, me apresuré a esperar nuevamente la llegada de la imagen, esta vez desde el final del paseo central del Sotillo. Atajé para ello por el camino lateral, que discurre junto al muro de reminiscencias quevedianas, invadido de vegetación, casi desmoronado y cuyo especial encanto me trae imágenes de antaño, y contemplé de nuevo la silenciosa comitiva desde una perspectiva distinta.

Algo más tarde, tras departir con Joaquín a la puerta de Nuestra Señora de Allende el Río, sin haberlo planeado entré al acto presidido por nuestro Sr. Obispo Munilla, cuya interpretación de la parábola del hijo pródigo despertó en mi interior antiguas devociones. Y el pasado 19 de marzo recibí el inesperado y sorprendente regalo de la biografía del Santo de Asís, o más bien de la introducción a la misma de G. K. Chesterton, cuya lectura he concluido hoy.
La fotografía está tomada de la página web de la hermandad: http://www.virgendelapiedad.com/

jueves, 27 de marzo de 2008

EL SILENCIO DE LOS CORDEROS


Mientras Mariano Grillo San Martín se afana exigiendo el cumplimiento de la sentencia del TSJ en el asunto de los solares del sector 8, los principales responsables de su partido miran hacia otro lado en sus comparecencias. ¿Será porque temen que la obligación legal de destinar los terrenos a viviendas de promoción pública les pase factura en el magno y faraónico proyecto del soterramiento?

PADRES E HIJOS


Ultimamente estoy un tanto sensible a las emociones paternofiliales. Aprovecho la coyuntura para postearos un vínculo a un video de youtube que me remitió recientemente un amigo. Ya habrá tiempo de hablar de otras cosas.


viernes, 14 de marzo de 2008

UNA MANO DE PINTURA


Inmersos en proyectos faraónicos, abducidos por sueños e ilusiones casi inalcanzables, a menudo podemos caer en el error de olvidar las cuestiones más elementales. No es que debamos dejar de fijarnos metas ambiciosas, pero dedicar también suficiente tiempo, atención y recursos a conservar adecuadamente lo que ya tenemos resulta indispensable.

Estas reflexiones me surgen evocando las imágenes recientemente vistas de los propietarios del bar “Alaska”, limpiando y pintando las paredes interiores y exteriores y repasando el mobiliario del casi centenario local de la esquina de nuestra calle Mayor con Barrio y Mier. El establecimiento, no sé si decano de los de su clase en la capital o al menos del centro de la misma (salvo mejor derecho de su vecino Jauja, del Bahía, el Estela, el Chaval de Lorenzo o algún otro que no acierto a mencionar), presenta hoy, merced a tan sencillo pero imprescindible esfuerzo periódico, un aspecto brillante y luminoso, renovado pese a su inalterable e inalterada decoración. Y es muy de agradecer.

Pues bien, de forma similar al comerciante o particular que se ocupa periódicamente del mantenimiento y conservación de su negocio o vivienda, creo que el equipo de gobierno de nuestro Excelentísimo Ayuntamiento, cuya Casa Consistorial ya va necesitando, por cierto, una buena mano de pintura, debería atender en lo sucesivo con mayor rigor al mantenimiento y conservación de nuestras aceras y calles, parques y jardines, mobiliario urbano e instalaciones municipales de todo tipo. Ojo, no se me entienda mal, no digo que no lo haga en absoluto, pero sí que debe hacerlo más, y las razones están a la vista de cualquiera.

De poco sirve perseguir y obtener declaraciones de interés nacional o regional para los distintos acontecimientos que se producen en la ciudad si los turistas que a la misma se aproximan encuentran imágenes de descuido o abandono. Y ninguna autoridad moral tiene una corporación municipal para exigir a sus vecinos unos comportamientos cívicos y decorosos que, por otra parte, no debería ser necesario regular y sancionar en una ordenanza, si desatiende económicamente el mantenimiento y conservación del patrimonio urbano en sus presupuestos, para dotar de forma recurrente partidas destinadas a delirios que nunca se convierten en realidad. Menos ordenanzas y más papeleras, menos fuentes y más asfaltados, menos coches oficiales y más contenedores, menos estatuas y más manos de pintura darían a la imagen de Palencia un esplendor de que es plenamente merecedora.

La ilusión por los proyectos de futuro no puede ni debe hacernos perder de vista el presente, y los esfuerzos que requiere mantener la herencia recibida. Además de la conveniencia de disponer de un margen suficiente para atender supuestos extraordinarios. Es muy preocupante, por ejemplo, que el Ayuntamiento de una capital de provincia como la nuestra tenga tan escaso margen para sus gastos corrientes que precise acudir a los fondos de solidaridad dotados por anónimos donantes para otros fines, al objeto de sufragar el incremento de aquellos en caso de situaciones catastróficas. Si los intereses generales (de municipales a nacionales, pasando por todos los ámbitos territoriales) se gestionaran con el mismo criterio y sentido común de cualquier familia normal y corriente, otro gallo cantaría.