viernes, 26 de noviembre de 2010

DEMOCRACIA Y DISCIPLINA

La triste decisión del Partido Popular de Palencia de incoar expediente de expulsión a Jesús Mateo Pinilla por haber roto la disciplina de voto en el último pleno municipal es, cuando menos, doblemente injusta.

En primer lugar, Jesús Mateo se ausentó del salón de plenos justo antes de la votación, a fin de no verse obligado a votar a favor de una propuesta que no compartía. Esa noble y dignísima decisión no supuso pues emisión de voto alguno, y por lo tanto mal pudo romper disciplina ninguna al no votar. En segundo lugar, no perjudicó a los intereses del partido ya que su voto no era decisorio, de forma que el resultado hubiera sido el mismo votara o no. Y finalmente estoy del todo convencido de que su elegante comportamiento (ingeniosamente descrito desde el atrevimiento de la ignorancia como el "número de la cabra") hubiera sido el mismo aunque su voto fuera preciso para evitar la moción que no compartía, a fin de no votar contra su propio partido.

Dicho de otra manera, se salió para no votar a favor, que es lo que su ética y conciencia le hubieran exigido en caso de permanecer dentro de la sala, y con plena conciencia de que su abstención no tendría consecuencia alguna sobre el resultado de la votación, ya que de otro modo es posible que se hubiera tragado el sapo (aunque no podremos llegar a saberlo).

Algunas personas se preguntarán qué necesidad tenía Jesús Mateo de salirse del salón antes de la votación, en lugar de permanecer en su interior y abstenerse. A mi juicio, la explicación es doble:

Primera, en el pleno municipal de Palencia se ha instaurado la insana costumbre de votar por grupos, es decir que solamente votan los portavoces, y no cada concejal a título individual. Así las cosas, al salirse Jesús Mateo demuestra que no quería romper la disciplina de voto, porque de estar dentro solo le hubieran quedado dos opciones: dejar que la portavoz votara también en su nombre (al igual que ha venido haciendo ininterrumpidamente todo este tiempo, pese a haberle "privado de su confianza") o votar individualmente en contra, lo cual sí hubiera sido romper la disciplina de voto.

Segunda, en consecuencia, y conforme a lo dicho al salirse Jesús Mateo no rompió la disciplina de voto, sino que se salió precisamente para no romperla.

Y eso sin entrar en detalles sobre hasta qué punto es legítima y democrática la exigencia de dicha disciplina, para lo cual a quien le queden ganas le recomiendo la lectura de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional al respecto, de la cual extraigo el siguiente párrafo:

Una vez elegidos, los representantes no lo son de quienes los votaron, sino de todo el cuerpo electoral, y titulares, por tanto, de una función pública a la que no pueden poner término decisiones de entidades que no son órganos del Estado, en el sentido más amplio del término

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