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miércoles, 29 de agosto de 2007

La que se avecina

Ayer estuve echando un vistazo al programa de fiestas, cuyo comienzo es más que inminente. Ciertas razones inesperadas me tienen este año algo espantado ante la perspectiva sanantolinera. No sé si llegaría al extremo de proponer su total supresión, como me sugiriese hace poco un buen amigo, pero desde luego empiezo a empatizar con quienes no entienden algunas cuestiones relacionadas con estas jornadas festivas, que especifico a modo meramente enunciativo:
1º ¿A qué ese empeño de convertir las fiestas de todas las ciudades en una mala copia de los sanfermines?
2º ¿Cómo se puede seguir teniendo fe en un espectáculo cuyos responsables quedan totalmente impunes tras prometer el oro y el moro de año en año y sustituir después a última hora diestros, toros e incluso ganaderías completas?
3º ¿Existe realmente alguna diferencia esencial entre tomarse el vino y la tapa en la caseta o hacerlo dentro del establecimiento, como siempre -más allá de esperar una eternidad, hacer mil equilibrismos con la tapa, el vaso de papel y la servilleta y poner la calle hecha un asco-?
4º y esencial ¿de dónde sale tanta gente -especialmente cuando hace buen tiempo-? ¿dónde están todos esos palentinos ocasionales el resto del año, cuando los pocos que seguimos intentando echar adelante esa ciudad nos pelamos de frío, nos matamos con la razón frente a las distintas administraciones y vivimos la ciudad a diario?
5º ¿Por qué no se mencionan en el programa los actos organizados por iniciativas privadas tales como el pregón del Casino o, este año, la reinauguración del colegio de Villandrando?
En fin, pan y circo para todos. Qué se le va a hacer.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado amigo Walden,

En respuesta a tus preguntas del apartado 4: "¿de dónde sale tanta gente -especialmente cuando hace buen tiempo-? ¿dónde están todos esos palentinos ocasionales el resto del año, cuando los pocos que seguimos intentando echar adelante esa ciudad nos pelamos de frío, nos matamos con la razón frente a las distintas administraciones y vivimos la ciudad a diario?".

He de comentarte, en primer lugar, que me parecen un tanto xenófobas. Las fiestas de una ciudad no sólo son para la gente de la propia ciudad. Las fiestas abren Palencia a todo el que quiera acudir: el dinero fluye, los bares hacen su agosto vendiendo caña y tapa a 2 euros (un robo), y el dinero de toda esa gente engorda los bolsillos de los comerciantes. Sinceramente, creo que tus propios paisanos no verían demasiado bien eso de hacer una fista privada, sólo para "palentinos de verdad".

En segundo lugar, respecto a "¿dónde están todos esos palentinos ocasionales...?", te puedo decir (por propia experiencia) que están lejos de Palencia el resto del año porque desgraciadamente no pudieron encontrar la oportunidad de trabajar ahí. Tal vez si el mercado laboral estuviera mejor fomentado por los gobiernos de turno, no habría tantos "palentinos ocasionales", que por otra parte se siguen sintiendo tan palentinos como tú, por mucho que no se pelen de frío el resto del año en Palencia.
- Un cordial saludo.

WALDEN dijo...

Te agradezco mucho tu comentario, tomo en cuenta tus observaciones. No era mi intención desanimar a los foráneos, aunque creo que una oferta cultural bien diseñada o un mejor aprovechamiento del patrimonio serían formas más dignas y rentables de recibirles, por supuesto con los brazos abiertos, pues como palentino estoy orgulloso de haber acogido y visto acoger siempre a los visitantes con generosa sinceridad.
En cuanto a los hijos del exilio forzado, nada que objetar, tengo muchos amigos en esa situación, si bien casi todos ellos vuelven con frecuencia y demuestran gran preocupación e interés por el futuro de su patria chica. Mi crítica se refiere más bien a los capitales familiares acumulados merced al esfuerzo de toda la provincia y después exportados a Madrid, desde donde se recuerda la condición de palentino de forma tan solo anecdótica. Pero gracias otra vez por tu tiempo y atención.

Tomás Martín dijo...

He descubierto tu blog tras leerte hoy en DP. En lo sucesivo frecuentaré este sitio. Por cierto, comparto en un 90% todo cuanto dices en tu artículo. Las ciudades que carecen de identidad propia tienen que importar costumbres de otras tierras, muchas de las cuales son jaleadas desde los medios. Ya se sabe, lo hortera vende.
Lo de los toros no tiene arreglo, de ahí la deserción de muchos que un día sentimos pasión por la Fiesta.